En una sincera y reveladora entrevista con Toyo Keizai, Taiki Sakurai —quien fue Chief Anime Producer de Netflix entre 2017 y 2023— confesó sentirse “profundamente avergonzado” por no haber logrado los resultados esperados con su ambiciosa estrategia de inversión directa en producciones originales de anime.
Sus declaraciones abren una importante reflexión sobre el papel de las plataformas globales de streaming dentro de la industria japonesa, y cómo decisiones corporativas pueden afectar tanto a los estudios como a los creadores. El caso Netflix ha sido uno de los más comentados en los últimos años, al apostar agresivamente por producir contenido desde cero… con resultados mixtos.
¿Producir desde cero o licenciar lo ya hecho? La estrategia fallida de Netflix
Durante su gestión, Sakurai lideró una política basada en inversiones millonarias para producir animes originales desde su concepción, apostando a que el control total de los derechos generaría beneficios a largo plazo. Sin embargo, esta estrategia, según él mismo admite, no funcionó como se esperaba:
“Para ser autocrítico, sí, ese fue el caso. Aunque producimos todo tipo de anime original, al final, los que más se veían eran aquellos cuyos derechos de streaming compramos a bajo costo desde comités externos de producción.”
En lugar de licenciar temporalmente los derechos de streaming, como hace Crunchyroll o HIDIVE, Netflix buscó adquirir la propiedad total o mayoritaria del anime, una estrategia mucho más costosa y con riesgos comerciales mucho más altos. Esta forma de operación, poco común en la industria japonesa, eliminaba al tradicional “comité de producción”, un modelo que reparte riesgos y derechos entre varios actores.
“Es cada vez más aceptado que monopolizar los derechos en una sola compañía no ofrece mucho beneficio ni para Netflix ni para los creadores.”
Sakurai menciona incluso el caso del anime Leviathan, producido por Qubic Pictures, donde la apuesta por control total no logró los resultados deseados, en parte por las limitaciones de marketing global que tiene Netflix frente a plataformas más especializadas en anime.
Una autocrítica honesta desde dentro de la industria
Con tono humilde, Sakurai reconoció que los errores fueron en parte producto de las presiones corporativas:
“Es algo que no se pudo evitar en una empresa presionada por generar beneficios a corto plazo. Pero me siento profundamente avergonzado de que no pudiéramos ofrecer resultados.”
No obstante, también comparó la situación con otros referentes del anime:
“Incluso los likes de Miyazaki y Takahata tardaron en tener éxito.”
Aquí, Sakurai hace referencia a cómo incluso genios como Hayao Miyazaki y Isao Takahata necesitaron tiempo, recursos y confianza para consolidar su visión.
También destacó la importancia de productores que apuesten con visión a largo plazo por los creadores, como es el caso de Noritaka Kawaguchi, productor en Comix Wave Films, quien confió en el talento de Makoto Shinkai desde el inicio:
“Shinkai es un genio, pero quiero decir que el Sr. Kawaguchi, quien siguió creyendo que Shinkai podía vender, también es un genio.”
El sistema de comités vs el modelo Netflix
La industria del anime en Japón funciona casi en su totalidad bajo un modelo de comités de producción, donde múltiples empresas (editoriales, estudios, cadenas de televisión, distribuidoras) co-financian una obra y comparten los derechos y beneficios.
Netflix, en su intento por dominar globalmente el sector, intentó romper ese modelo al producir «Originals» con control completo. Aunque algunos títulos como Castlevania o Devilman Crybaby obtuvieron éxito, la mayoría no generaron impacto ni recuperaron la inversión.
Y en palabras del propio Sakurai, esto generó dudas internas:
“Entonces surgieron discusiones como: ‘¿Por qué necesitamos esforzarnos en hacer anime propio si lo que más se ve es lo que simplemente licenciamos?’”
¿Qué viene después?
Sakurai dejó Netflix en 2023, y actualmente colabora con Justin Leach, fundador de Qubic Pictures, en nuevas iniciativas de coproducción internacional. En su entrevista, también habló sobre los desafíos de trabajar en proyectos como Leviathan, y las limitaciones del marketing global de Netflix, que a pesar de tener una plataforma masiva, no logra generar “hype” con la misma eficacia que canales especializados.
Con Netflix produciendo cada vez menos Originals post-pandemia, este testimonio confirma lo que muchos analistas ya sospechaban: el modelo “todo o nada” no funcionó como estrategia de anime a gran escala.
La gran lección que deja esta confesión es clara: el anime necesita productores que crean en los creadores, no solo ejecutivos que respondan a cifras trimestrales.
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Fuente: Anime Corner
