Parece que la historia se repite: una obra visualmente impresionante, con fuertes raíces en el anime japonés, llega a Occidente para ser calificada con una tibieza crítica que descoloca a los fans. Esta vez, la víctima es Scarlet, el esperado nuevo largometraje del aclamado director Mamoru Hosoda, quien vuelve tras el éxito internacional de Belle. Y aunque su nueva cinta debutó en el Festival de Cine de Venecia 2025 con mucha expectativa, medios como IndieWire ya han mostrado el mismo escepticismo que en su momento sufrió Demon Slayer: Infinity Train con la calificación de 6/10 en IGN. ¿Está el anime siendo subestimado otra vez por la crítica occidental?
Scarlet: una «Hamlet sangrienta» con más corazón que filo, según IndieWire
En su reseña publicada el 4 de septiembre, IndieWire le otorga a Scarlet una calificación de C+, calificándola como una “fantasía barroca visualmente impresionante, pero narrativamente olvidable”. El artículo, firmado por Adam Solomons, critica que Hosoda se pierde entre los símbolos, y que el mensaje final —centrado en la autodescubrimiento y el altruismo— se siente “demasiado dulce” e incluso “tedioso”.
La cinta, que reinterpreta libremente Hamlet desde una perspectiva femenina, pone a Scarlet (voz de Mana Ashida) como una joven princesa que presencia la traición de su tío Claudius (Kôji Yakusho), y que luego de ser envenenada, termina en los Otherlands, una especie de purgatorio donde conviven almas atormentadas de todas las épocas. Ahí, Scarlet inicia un viaje que parece de venganza, pero que poco a poco se transforma en una búsqueda de sentido, empatía y propósito colectivo.
Aunque la propuesta es ambiciosa, la crítica de IndieWire no perdona su falta de «filo narrativo», afirmando que el film no logra elevarse por encima del mensaje obvio ni explotar el potencial que ofrece la mezcla entre tragedia shakespeariana y animación japonesa.
¿Otra crítica que no entiende el lenguaje del anime?
El tono de la reseña recuerda de inmediato al debate que se generó cuando IGN calificó con un 6/10 a Demon Slayer: Infinity Train, película que rompió récords globales y fue un fenómeno cultural tanto en Japón como en Occidente. En aquel entonces, la calificación fue duramente criticada por los fans, al considerar que se estaba subestimando la narrativa emocional del anime por no encajar con los estándares de “drama occidental” o cine de autor.
Ahora, con Scarlet, parece estar ocurriendo algo similar. La crítica de IndieWire reconoce la calidad visual, pero insiste en que “la sinceridad del final no representa al personaje” y que la película «no tiene nada que decir», lo cual choca de frente con la respuesta positiva del público que ha elogiado el mensaje humano del film y la evolución de Scarlet como personaje femenino protagonista en un universo marcado por el trauma y la violencia.
¿Está Occidente preparado para historias donde la introspección reemplaza la acción?
Una de las principales quejas de la crítica de Scarlet es que, pese a su ambiente sombrío y su contexto de violencia, la historia opta por un camino introspectivo y emocional en lugar de uno meramente trágico o sangriento. En palabras del personaje Hijiri, “el guerrero definitivo dispara flechas invisibles desde un arco invisible”, frase que encapsula perfectamente el tono espiritual de la obra.
Sin embargo, esa elección narrativa es justo lo que distingue al anime de autores como Hosoda: la capacidad de usar la fantasía para hablar de temas emocionales profundos, como el duelo, el legado, y el deseo de cambiar el mundo desde lo cotidiano.
Así como Infinity Train usó la violencia y el dolor para hablar del duelo emocional y la esperanza, Scarlet presenta un mundo fantástico para cuestionar el egoísmo, el poder y la redención. Pero si la crítica espera una Hamlet samurái llena de batallas, traiciones y sangre a borbotones, sin duda encontrará algo distinto… y quizás no sabrá cómo valorarlo.
Hosoda sigue apostando por el corazón, no por la espectacularidad vacía
Mamoru Hosoda no es ajeno a estas contradicciones. Desde The Girl Who Leapt Through Time hasta Mirai, el director ha preferido explorar las emociones humanas a través del filtro de la animación, sin caer en los lugares comunes del cine de acción o del drama más explícito.
Con Scarlet, puede que no haya superado la frescura de Belle, pero sigue fiel a su estilo narrativo: íntimo, simbólico y humano. Y aunque esta vez la crítica de IndieWire lo acuse de estar “suavizado por el éxito”, lo cierto es que Hosoda sigue siendo uno de los pocos cineastas que entiende la animación como un lenguaje emocional, no solo visual.
¿El problema es el anime o el lente desde el que se le juzga?
Cuando una película japonesa como Scarlet o Demon Slayer se enfrenta a las expectativas de la crítica occidental, se hace evidente una brecha cultural en la forma de analizar el lenguaje narrativo. En lugar de criticar lo que la obra no es, quizás la conversación debería girar en torno a lo que propone dentro de su propio marco de referencia.
Y si bien es válido señalar fallas o inconsistencias narrativas, subestimar la carga simbólica y emocional del anime por no ajustarse a los cánones tradicionales del drama occidental parece una lectura incompleta —y, para muchos fans, injusta.
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Fuente: IndieWire
